Rajoy, el hombre solo

Alguna vez oí que el poder era ese momento en que se van todos y el líder se queda solo en el despacho, solo en el mundo, con la decisión en sus manos, con la ciudad ruidosa al otro lado de la ventana. La soledad y el destino. Y los puñales. Y los traidores. Y los que mueven la silla desde debajo de la alfombra. Rajoy es un cadáver que se cree vivo, y me provoca una inexplicable lástima. El gallego indeciso decidió demasiado tarde. Durante cuatro años alimentó a la bestia, y ahora se debate entre sus fauces, pensando que puede escapar aunque sospeche que no. Aprietan el gatillo María San Gil, Ana Botella, Gustavo de Arístegui, Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, Esperanza Aguirre…, pero apuntan y ordenan en El Mundo y la Cope. Qué duro es el viaje al centro, decía anoche Iñaki Gabilondo. Desde Madrid, qué lejos queda Angela Merkel.

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