El estado de la derecha

Ha sido una semana feroz, paroxística. Un frenesí de rumores, un torrente de maledicencias, un arrebatado furor de enconos e insidias. La Corte en estado puro, con todo su frenético circo de murmuraciones y chismorreos, pero en el ámbito mezquino de una oposición deshabitada de poder real que repartir más allá de leves sinecuras parlamentarias y exiguos despachitos de mampara. Puñaladitas de pícaro, habladurías de café, emboscadas de tertulia, conjuras de lobby de hotel. Insanos desahogos de pretensiones desestabilizadoras para sedimentar el cabreo por los secundarios roles perdidos. Pellizquitos de monja en el semianonimato de la confidencias, microajustes de cuentas entre los cortinajes de la nada, bronca por las migajas, el pulso residual del fulanismo. Miserias de la nanopolítica. (Ignacio Camacho).

Una respuesta

  1. […] en el congreso con el equipo desorientado es mala estrategia, quizá no quiera mostrar sus cartas ante la posible competencia, pero se arriesga a que la […]

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