Puerta vs Umbral

El teléfono sonó a la 1 de la madrugada, cuando me arropaba con el edredón en la nevera de la sierra. Era Roberto con una de sus preguntas trascendentes. La última que me hizo era: ¿a quién prefieres, a Patricia Conde o la chica del Tomate? Después de ver el post anterior, le habrá quedado claro, supongo. La de anoche tenía miga: ¿quién es más “importante”, Puerta, la bota izquierda del Sevilla, o Umbral, el columnista brillante, novelista prescindible y persona mediocre. Roberto estaba viendo el programa que le dedicaba la Primera a Puerta. La noche anterior, la 2 había emitido la última entrevista que concedió el escritor a la cadena. Ayer, le envié un sms a su nevera de Burgos con los resultados del combate: Puerta, de madrugada, 1,8 millones, líder de audiencia; Umbral, el hombre que lo mismo votaba a IU que a Rajoy, 392.000. Los periódicos, salvo en el que escribía, también habían preferido la foto del drama de Puerta en la portada. Curiosa pregunta, envuelta en frío: ¿quién es más importante?, ¿de quién se hablaba en la calle?, ¿a quién deberían haber dedicado más espacio los medios?

Sé lo que ha hecho Patricia Conde

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Patricia Conde, en GQ

La vida es gris

Emilio Lledó: “Dentro de todo no hay un pequeño sí, y dentro de todo sí hay un pequeño no”.

Concurso sin premio: ¿Qué separa a Rosa Díez de Ruiz-Gallardón?

Manolo Saco: “Ruiz Gallardón, en el PP, es otro disidente, y que, al igual que la eurodiputada del PSOE, es una amenaza constante para Génova 13 como posible germen de un nuevo partido de centro”.

Los disidentes Rosa Díez y Ruiz Gallardón… (sigue)

Escoged buenas personas

Carlos V a su hijo Felipe: Escoged buenas personas, desapasionadas para los cargos, y en lo demás no os pongáis en sus manos solas, ni ahora ni en ningún tiempo, antes tratad los negocios con muchos, y no os atengáis y obliguéis a uno solo, porque, aunque es más descansado, no os conviene… (Vía La Petite)

Educación para la Ciudadanía y duros de mollera

Fernando Savater: Aún hay duros de mollera que se escandalizan al escuchar que ciertas disposiciones éticas responden a las exigencias mayoritarias de convivencia y no a la conciencia de cada cual. Pues sin embargo así es, al menos en las democracias del siglo XXI. Por eso también la Educación para la Ciudadanía no puede ni debe confundirse sin más con la formación moral. Hay una dimensión ética que corresponde a las convicciones de cada cual y en la que ninguna autoridad académica puede intervenir: nadie debe imponerme la obligación moral de considerar aceptable la homosexualidad o el aborto, si mis creencias o mi razón me dictan otro criterio. Pero es necesario que conozca el valor moral de tolerar cívicamente aquellos comportamientos que no apruebo o incluso que detesto, siempre que no transgredan la legalidad y en nombre de la armonía social pluralista. Aún más: debo comprender la valía ética -estrictamente ética- de las normas instituidas que permiten el pluralismo de convicciones y actitudes dentro de un marco común de respeto a las personas. Y eso delimita una frontera entre lo que puede y no puede aceptarse también a nivel personal: tengo derecho a considerar vicio nefando la homosexualidad pero no a hostilizar o proscribir las parejas homosexuales. Puedo tener personalmente por importantísimas las raíces cristianas de Europa, pero no puedo considerar mal europeo a quien no sea cristiano ni mal español a quien no sea católico. Y puedo tener la íntima convicción de que muchos malvados merecen la pena de muerte, pero no debo ocultar a los jóvenes que la sociedad democrática en que vivimos ha adoptado como norma la abolición del castigo capital por sus implicaciones deshumanizadoras. Es decir: debe haber una asignatura de ética que reflexione sobre el origen, fundamento y necesidad de los valores humanos en general y una asignatura de Educación para la Ciudadanía que transmita la exigencia moral de tener valores comunes instituidos legalmente, que sirvan de directrices al comportamiento social aunque no puedan serlo siempre de la conciencia personal.

Una de risa

El PP sugiere al PSOE que tome a Telemadrid como ejemplo de “objetividad”.