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Lo que me pasa por la cabeza

Zidane es uno de los jugadores más elegantes que he visto en directo en mis años de fútbol, quizá un paso por delante de Laudrup, a quien entrevisté en Amsterdam antes de la Séptima. Uno y otro te devolvían el precio de la entrada sin tocar el balón, sólo con verles andar. Zidane ha anunciado que se va, y anoche, cuando lo leí, casi se me escapa una lágrima. Y ya que estamos con el fútbol, Santiago Segurola, el mejor escritor de deportes de estos tiempos, ha vuelto a sorprenderme esta noche. Se ha apuntado a hacer el “minuto a minuto” del Barça-Milán en elpais.es: el jefe al teclado, en la labor que se deja habitualmente a los becarios. Claro que su estilo no se parece en nada al de un aprendiz: Calor, luces fluorescentes, el televisor enfrente. En el IPod -gracias Zazo- suena Allison Moorer: Is not heaven enough for you? Quien alguna vez haya echado una ojeada a este tipo de seguimientos en directo de un partido en cualquier medio sabrá apreciar la diferencia. En mi ipod suena el nuevo disco de Bruce, vibrante, apoteósico. Llevo toda la tarde con su voz cascada en las orejas, y ahora bailo como un gilí sobre la silla, a pesar de que el día y las fuerzas agonizan, a pesar de que el Barça aspira con fundamento a la segunda. El country feliz de Seeger interpretado por el Boss es un canto de esperanza, una ducha de alegría que, visto y no visto, te arroja a la barra en busca de una cerveza fría y una madrugada caliente, lejos de la mediocridad de las doce de la mañana en la oficina. Ahora son las doce, pero de la noche, y es otra cosa.

Las estrellas de YouTube

El Koala, Opá, yo viacé un corrá.

La MTV, y Amo a Laura.

House, suma y sigue

Anoche: 2.224.000 y 12.3% / 2.740.000 y 15.9% (máximo histórico).

El futuro de los periódicos

Apuntes, en La máquina.

Frederico, mecagoentó


Por Gomaespuma. Insuperables.

Periodismo y opinión

Arcadi Espada. Bayón estaba allí. Era el tiempo, lo escribió Rosa Montero, en que ligaban en las discotecas enseñando el carnet de El País. Bayón era periodista del último periódico que ha habido en España. Su ocupación principal era la política internacional. Delicado asunto. El interés del lector de periódicos por los diversos fragmentos del mundo depende de la escritura del enviado. Nos interesó el thatcherismo por las crónicas de Enric González. Y sufrimos, cuando era tan visible que no acaba de encontrarse bien en París. Del mismo modo entramos en Managua con José Comas, literalmente. O despedimos al Sha con Bayón. Entre las grandes frustaciones del lector de periódicos está que Bayón no continuara en Moscú. Habríamos vivido de un modo mucho más intenso y fértil el 89. Pero creo que para ese año ya no estaba en el periódico. Hoy se vive el apogeo de la opinión. Hasta el punto de que una muchacha decía el otro día en Madrid que el llamado de opinión era un periodismo mucho más valioso e importante. Dios la guarde. No ha experimentado la pregunta clave del lector de periódicos: ¿Qué dice hoy Bayón de Moscú?

Luego hay una evaporación de muchos años. Lo que le pasó en el periódico lo explicaba él mismo hablando del incorregible Bayón. Pero a él no le pasó nada especial. Le pasó al periódico y al periodismo. Este es el tránsito: se empieza haciendo periodismo, luego uno se dedica a la opinión y finalmente acaba haciendo novelas, mejor policiacas, que se folla más. Se dice que los periodistas acaban en las novelas, seducidos por la libertad inmensa de la ficción. Libertad, ¿para qué?, decía el periodista Lenin. No: en los casos como el tratado, sólo es por narrar, por seguir narrando, más allá de la baratija de la opinión. Una cosa repulsiva de los periódicos modernos es cómo han pasado del género memorialístico al autobiográfico. Es decir de la información a la opinión. Bayón, que era de un pudor exuberante y equívoco, nunca estuvo a gusto en ese género. Sólo hace falta ver cómo se saltaba las reglas, el juego y la pasividad del artículo para clavarse al lomo putrefacto del gilismo. ¿Qué hacía Bayón días antes de morir, en la puerta de los juzgados marbellíes, viendo pasar a sus enemigos? Añorarse como un ternero.

Y ya van a dar las once.